febrero 25, 2021

¿Por qué es importante favorecer la actividad autónoma del niño o niña?

Un bebé nace extremadamente dependiente del entorno humano y material, pues necesita del otro para poder desarrollarse progresivamente e ir adquiriendo niveles de autonomía. Desde que nace, tiene una fuerza interior que lo moviliza a conocer y explorar llamada impulso epistémico, es decir, un deseo por conocer y explorar: a sí mismo, al otro, a los objetos y al espacio en el que se encuentra.

El recorrido hacia la actividad autónoma se inicia desde este impulso epistémico, su motor es la acción – con una buena carga de iniciativas y deseos – enriquecida por sus competencias y favorecidas por un ambiente facilitador y habilitante proporcionado por el adulto.

Durante la actividad autónoma del niño, el adulto no actúa directamente:

El niño puede imitar a sus pares y es él quien logra, desde su propia intención, una acción que nace de su propio ser. El niño llega a la actividad autónoma porque un adulto le dio la oportunidad de conocer y explorar, sea por casualidad o porque observó el deseo y la necesidad del niño y adecuó el ambiente para favorecer sus proyectos.

Cuando los adultos observan la capacidad innata del niño para ejercitar su desarrollo motor de manera autónoma, de la posición horizontal a la vertical, es decir de estar acostado de espalda hasta llegar a caminar; constatan que el niño es capaz de desplegar en confianza -con un adulto que le brinda un medio ambiente y un acompañamiento favorable- todas sus iniciativas y competencias, constituyéndose no solamente como un ser de reacción, sino también como un ser de acción.

Sin embargo, otros adultos prefieren intervenir en el desarrollo motor de los niños haciéndoles ejercicios, en la creencia que si a los bebés no se les enseña, no aprenden, por ejemplo, a gatear o caminar. 

En la siguiente figura se muestra al adulto permanentemente presente en la construcción del equilibrio del niño, esto indica que no confía en lo que puede hacer el niño por sí mismo, sino que confía más en lo que él puede hacer por ayudarlo. En este caso, es necesario preguntarse: ¿Cómo se está comprendiendo “la ayuda” que como adulto se le brinda al bebé y que nace desde las mejores intenciones?, ¿ayudarle a qué?

“Los árboles no crecen tirándolos de las hojas.” A través de este sabio refrán japonés, la naturaleza enseña el camino favorable que se puede recorrer para acompañar a la niñez.

 

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