junio 25, 2020

Nombrar e identificar las emociones de los niños

Nombrar e identificar las emociones de los hijos menores de 3 - Mis Primeros Tres

La auto-confianza y la capacidad de inter-relacionarnos con otros se forma en nuestros primeros años. Por ello, profundizar en los rasgos y construcción de las emociones infantiles es fundamental. Los niños aprenden a distinguir expresiones emocionales viéndolas en caras u oyéndolas. Con esa información, desarrollan capacidades para orientarse en su medio.

La personalidad se estructura desde las relaciones afectivas y la satisfacción de necesidades básicas en la infancia. El recién nacido vive un período instintivo, busca alimento y alivio a su incomodidad, sus reflejos (succión, prensión) determinan su conducta y originan las primeras sensaciones.

En los 6 primeros meses, el bebé expresa emociones y es sensible a las emociones de otros. Expresa mejor sus emociones si le estimulamos a hacerlo en varias formas (con gestos, vocalizaciones); las respuestas del adulto a sus mensajes repercutirán en la calidad de su relación. Alrededor de los 2 años, los niños comienzan a describirse a sí mismos y a otros como seres que perciben, sienten emociones y tienen deseos.

Las emociones infantiles son más ricas de lo que pueden expresar, discriminan las emociones antes de poder nombrarlas, y empatizan con las emociones de otros. El desarrollo afectivo en la crianza y educación, son la base de la personalidad y configuración psicológica del niño. Un buen ambiente socio-afectivo mejora la calidad de vida.

Transmitamos al niño que necesitamos saber lo que sentimos y compartirlo con los demás; esto ayuda a pensar y actuar mejor, nos sentiremos mejor y encontraremos ayuda. Inculquémosles que toda emoción es necesaria, no hay emoción buena o mala; tenemos derecho a todas nuestras emociones, incluso al temor o enojo.

Los padres somos referentes a imitar, e imitando el niño amplía el repertorio de comportamientos emocionales, se forma una imagen del mundo, de los demás y de sí mismo. En familia aprende, explora, experimenta e interviene progresivamente más autónoma y eficazmente. Los padres somos en quienes confía, con quienes construye vínculo afectivo. Con nosotros el niño aprende comportamientos y actitudes, normas de conductas y valores.

El niño necesita de un adulto receptivo y atento a sus emociones, sentir la presencia de quienes lo quieren y cuidan, recibir afecto, saber descifrar los mensajes afectivos y aprender a expresar y canalizar fructíferamente sus emociones. Debemos, cubrir sus necesidades de desarrollo emocional, promoviendo su comunicación afectiva y su relación con el entorno.

 

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