agosto 29, 2019

La aparición del «No»

La aparición del "No" - Mis Primeros Tres

 

A los 2 años el niño progresa en el conocimiento de sí mismo, se reconoce como individuo diferente de sus padres y siente entusiasmado por el desarrollo de sus habilidades. Logra un  desarrollo evolutivo (lenguaje, psicomotor, social, cognitivo y afectivo) que le permite iniciar su proceso de adquisición de autonomía. Puede hacer por sí mismo más cosas: come solo, puede haber dejado el pañal, corre, salta, etc.; desarrolla autodeterminación y quiere imponer sus deseos. Pero aún no tiene las destrezas para lograr todo lo que quiere hacer, causándole un conflicto entre su deseo de autonomía y sus posibilidades de tenerla.

El niño se da cuenta que no siempre conseguirá lo que quiere en el momento que quiere; también empieza a entender la relación entre su actuar y lo que pasa luego, pero es más frecuente que no anticipe las consecuencias de sus acciones y actúe con impulsividad. Retará los límites hasta donde se le permita y aceptar las normas le será especialmente frustrante (dejar su juego para almorzar), tanto como obedecer la voluntad de sus padres cuando está descubriendo la suya.

Para crecer, el niño necesita entrenar su autonomía: querer lo que sus padres no quieren, y negarse a lo que le pidan. Afianza su “yo”, oponiéndose a las órdenes para reforzar su naciente personalidad; y aunque termine obedeciendo, necesita oponerse para afirmar su individualidad. Esta diferenciación es importante para la formación de su identidad.

El niño descubre emociones como la ira, la vergüenza y la euforia, aprende a pensar cómo se sienten y cómo lidiar con ellas; expresa qué le gusta y qué no verbalmente o con su lenguaje corporal: así como corre o ríe al estar feliz, patalea o grita cuando siente rabia. Y lo hace en casa, pues solo experimentará sus sentimientos en su ambiente seguro, con sus padres, lo que indica que hay un apego positivo y un desarrollo emocional sano.

Es importante no tomar la oposición del niño como un acto contra el adulto, pues cargaría negativamente nuestra reacción. Intentemos mirarlo desde su perspectiva y entenderle, por ejemplo: no quiere ir a dormir para no separase de su mamá. Podemos ofrecer al niño oportunidades de autonomía, como elegir su ropa, sin olvidar las normas.

Los límites significan estructura y seguridad, dan coherencia al mundo, por ello, si ante las rabietas consentimos y saltamos normas, confundimos al niño y desdibujaremos el orden, provocando inseguridad. El siguiente reto para el niño es aprender a tolerar la frustración, para ayudarle, es importante no ceder a sus exigencias y mantener las normas establecidas.

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